1/12/16

Jacobo Fijman

Poeta,nacido en Orhei, Besarabia, actual Moldavia, 25 de enero de 1898 – Buenos Aires, 1 de diciembre de 1970) fue un poeta judeoargentino.
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"No soy enfermo. Me han recluido. Me consideran un incapaz. Quiénes son mis jueces…
Quiénes responderán por mí.
Hice conducta de poesía. Pagué por todo.
Sentí de pronto que tenía que cambiar de vida. Alejarme del mundo. Y me aislé. Me fui de todos, aun de mí…
Hoy es la demencia un estado natural.
Todas las palabras son esenciales. Lo difícil es dar con ellas.
El delirio son instantes. Puede durar toda la vida.
Mi poesía es toda medida.
El arte tiene que volver a ser un acto de sinceridad."


(Jacobo Fijman, "Todo lo que uno recibe es pasión")



EL PROFETA

Las vivencias de la reclusión, los fantasmas de la locura, las angustias del apartamento constituyen los temas del primer libro de Fijman (Molino Rojo), con una intensidad pocas veces alcanzada por la palabra.
Los poemas de "Hecho de Estampa" están iluminados por una luz esencial , única, insustancial y eterna. La Luz que descarna y penetra, que vuelve invisible lo falso, que hace transparentes las apariencias.
"Estrella de la mañana", a su vez, visitado por la obsesión de la muerte, por las búsquedas de su misterioso sentido. Es una suma de todos los significados, de toda la dimensión que adquieren las cosas y el hombre frente a la muerte. Todo está referido a ella y ella está presente en nosotros.
Y sus últimos poemas, los de la internación definitiva, alcanzan una calidad aún más compleja; son a la vez claros y herméticos, sobrios y densos, con una musicalidad plagada de extraños silencios. En ellos se encuentra la materia de todas las cosas, y de pronto adquieren un carácter profético que aparece siempre inevitablemente unido a toda verdadera poesía. Están como situados fuera de todo tiempo, y brota de ellos un soplo arcaico que parece destinado a remover esa permanente actualidad de lo eterno que yace sepulta en el interior de todo hombre.
aldo pellegrini.

LA AVENTURA

La instancia poética, en Fijman, le abre paso a través de las apariencias inmediatas de la realidad y pone en cuestión la unidad del yo, tan cara como fórmula de adecuación de las exigencias sociales. Fijman es dueño de os frutos desconocidos; donde terminan los límites de la domesticidad mental se extienden otras playas sobre las que brilla a cada instante la primera pisada humana, la huella virgen de la aventura.
La poesía de Fijman, inacallable, lo rescata a los diagnósticos de la pedantería científica y por momentos parece surgir de una ampliación del campo de la conciencia.
enrique molina.


AMABLE JHONES

No sé si cuando muere Jacobo Fijman en el verano de 1971, existía ya en el Hospital Borda de Buenos Aires, la sala Amable Jhones. En aquel centro psiquiatrico dicha sala correspondía al alma mater de la cruenta disciplina intrahospitalaria. En ella estaban todos los dispositivos diseñados como para "suavizar" a los internos, electroshock, camillas con sujetadores , agujas hipodérmicas temibles e infinidad de aparatos para el "normal" desarrollo de la terapia. Me tocó verlo. No miento. AMABLE JHONES. ¡ qué paradoja!. Pienso que no habrán tenido un trato muy especial con Fijman, ya que en la morgue del hospicio, le abrieron el cerebro y le ataron en el dedo del pie un cartel con un número y su nombre.
hugo vera miranda.


JACOBO FIJMAN

acerca de lautréamont /1


Lo imagino rubio. De ojos celestes. Alto, varios metros. La piel azul y las manos huesudas. Dotado de una gran imaginación. Pero satánico.
Atormentado por las cosas reales y vulgares y por las ideas que se hacía del más allá de la muerte y de la muerte misma.
Era lo que diríamos hoy, un introvertido. Se lo supone fino, elegante, de una dentadura tremenda; con colmillos.
Debe estar ahora no en el infierno sino en el hades, que es el reino de la muerte.
El está como dormido; insomnis mortis.
Durante su vida debe haber abusado de las drogas que llevan a los otros paraísos, los paraísos del mal.
Eso, es lo que se deduce de sus escritos. Donde se hace sentir su soledad y su desesperanza.
No tenía nada de religioso. Era un muerto, como diría un teólogo moralista.
No supo nunca más que de penas y no dio nunca con la contricción, ese dolor perfecto, , ni con la tricción, ese dolor imperfecto al que se entregan los pecadores arrepentidos para que se les restituya a la primera gracia y continuar su vida penitencial hasta arraigarse en un estado de paz y esperar la buena muerte.
Pero él no da señales de haber tenido ninguna instrucción religiosa -aunque nombre mucho a Dios- que lo pudiera llevar a la salud espiritual.
Sin embargo. A pesar de todo lo quiero y lo voy a ayudar.
Este hombre atormentado. Buscó con avidez; pero por si mismo no dio con nada más que con el sufrimiento y la demencia de gran poeta.
Nació en el Uruguay, y se supone que haya muerto. Aunque nadie lo sabe.
Es como si no hubiera existido como ser físico.
Era de agua. Era flemático de temperamento y lo concibo como existiendo en un mar agitado y oscuro.
Dios no quiso que lo conociera, no quiso concederle la gracia que concede al resto de los mortales, a los fieles que componen el cuerpo místico de Cristo.
Lautréamont era soberbio; se negó a rebajarse a ser un niño.
No amó las cosas de la tierra como las aman algunos privilegiados de complexión melancólica. El amaba lo que no sabía; buscaba a Dios pero no dio con El. Se supone que Dios no quiso darle los beneficios que entrega a criaturas más inferiores con su naturaleza.
Lautréamont me conocía y me conoce. Como juez he tenido que verlo. Me pidió que no lo olvidara. Que intercediera por él ante Dios que es mi amigo.

Acerca de lautréamont/2

Hace un tiempo nos encontramos en otra región. Cuando lo vi, estaba como despejándose del sueño. Estaba con aguas, con algas, pero no con peces. Los peces se habían ido. Estaba acostado en el mar. Yo caminaba sobre las aguas y lo llamé: Lautréamont, Lautréamont, le dije, soy Fijman.
Y él me contestó que me quería. Que seríamos amigos ahora en el mar, porque los dos habíamos sufrido en la tierra. Pero no lloramos. Nos abrazamos. Después quedamos en silencio.


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